Matemáticas Áureas y unidad fractal

Para comprender cuales son los principios que rigen la estructura de la realidad, conviene analizar la unidad, de la que procedemos, a la que pertenecemos y con la que estamos dialogando de forma permanente durante nuestras vidas.

Es en la extrema sencillez, donde podemos hallar la máxima complejidad. Aunque pueda sonar contradictorio alrededor de este principio se estructura todo lo que conocemos. Muchas veces erramos en nuestro planteamiento y enfoque porque no tenemos en cuenta este principio rector. Nos han enseñado que para descubrir la naturaleza de las cosas, existen principios y ciencia complicados y que no merece la pena explorar estos conceptos a menos que tengamos una formación y conocimientos específicos en la materia.

Científicos contemporáneos como Nassim Haramein o Dan Winter, por citar algunos, nos están enseñando que la física y la geometría sagrada parten de la misma fuente, de las mismas leyes. Así pues es lógico que el lenguaje universal, las matemáticas, sea capaz de transportarnos por los mismos senderos.

Pitágoras nos lego a través de uno de los símbolos de su escuela, la mónada, un instrumento extraordinariamente potente, uno de los recursos con más potencial para poder explorar la naturaleza de la creación y su inmanente unidad.

Una des las características más importantes de la unidad, es que cuando la analizamos aritméticamente y le aplicamos operadores básicos, su identidad se mantiene inalterable.

Es una propiedad que parece nimia, pero que en realidad es base y origen de todo lo que viene después.

Todos aquellos números que comparten propiedades con la identidad de la unidad, son fundamentales en la construcción de la matriz de generación de la realidad fractal.

Entendamos como “0”, aquel espacio lleno de un potencial infinito e imaginemos en ese espacio de infinito potencial, de infinita energía, un centro de equilibrio donde se producen las interacciones fundamentales. Si atendemos al mapa que nos ofrece la mónada, ese centro es el punto, que mantiene la belleza de la forma que ha heredado de “0”, pero que dado el entramado de relaciones energéticas (funcionales) que representa se ha convertido en algo distinto. Llamemos a ese algo “1”.

Observemos que ese “1”se halla en perfecto equilibrio con cualquiera de los extremos del contorno de “0” y es que “0” no podría ser como es, si no tuviera a “1”. Pues es “1” el que proporciona el espacio y la forma para poder proyectar ese centro y por lo tanto equilibrar todo el sistema.

“1” está en constante vibración y dinamismo, ya que opera como núcleo funcional de “0” (espacio de potencial infinito), además tiene forma la cual se deriva de la economía de ese equilibrio fundamental entre ambos. Si nos volvemos a fijar en la mónada de la Escuela Pitagórica, podemos entrever la circunferencia. No obstante, no debemos olvidar que dicha circunferencia en un plano tridimensional (como el nuestro) adopta la forma de una esfera.

Entendamos que ese “1” ese centro de interacciones energéticas fundamental, es lo que denominamos realidad material. Como ya sabemos que vivimos en un plano de existencia que se replica a si mismo siguiendo los mismos principios y formas, es decir fractal, podemos inferir que si vamos hacia fuera, ese “0” en otro nivel será “1” y que a su vez se complementará con otro “0” que proporcionará equilibrio al sistema.

Vayamos ahora hacia dentro, nuestro “1” se ensanchará mostrándonos como se relacionan las hebras de energía, como interactúa el tejido de potenciales formando el tapiz tridimensional que conocemos como realidad. Si continuamos viajando hacia dentro, llegaremos a un momento de nuestro viaje en que “1” mostrará sus límites tan alejados, que de repente nos daremos cuenta que “1” se ha expandido tanto que se ha convertido en “0” y que a su vez se vuelve a definir un centro de equilibrio nuevo en este nivel. Habremos descubierto un nuevo “1”.

Es en ese principio fractal en el que nos movemos y que para poderlo comprender de forma íntima, podemos estudiar la relaciones de esos potenciales energéticos de los que está formado “1”. Denominemos a ese “1” matriz de generación de la realidad.

Es a partir de uno de estos “1” donde nosotros nos hallamos y desde donde exploramos el resto de la realidad fractal. Es por ello que la identidad de la Unidad, del “1”, es la ley generatriz suprema. Desde ese principio generatriz, todo aquello que se acerca a la identidad de la unidad en cualquiera de sus formas, se sitúa en el centro de la matriz de generación de la realidad.

En el próximo artículo hablaré de los números, que dada su proximidad con la identidad de la unidad, ya sea aritmética, geométrica o relacional; son fundamentales para comprender los principios de las matemáticas áureas.

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